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viernes, julio 30, 2021
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Una planta tóxica se apodera de Rusia

La maleza, conocido como perejil gigante, no es solo un agente invasivo, sino una metáfora de lo que está sucediendo en las zonas rurales del país.

BALASHIKHA, Rusia – Tome cualquiera de las muchas autopistas que salen de la capital rusa y podrá diseccionar los estratos del país como anillos en un árbol. Torres de departamentos reemplazan al bullicioso centro iluminado.

Poco a poco, el paisaje se vuelve escaso, con pueblos salpicando el tramo de prados y bosques en miles de kilómetros en todas direcciones.

Rusia es el país más grande de la Tierra, y tanto el gobierno como la gente se enorgullecen del tamaño de su territorio. Rusia ha sido infiltrada en décadas recientes por una fuerza ajena: el Heracleum mantegazzianum o perejil gigante.

Este invasor, una planta excepcionalmente alta con una savia tóxica que puede causar quemaduras de tercer grado y ceguera, ha llegado a simbolizar el destino de la Rusia rural: negligencia maligna por parte del gobierno.

Si bien Rusia puede ser enorme, la mayor parte de la actividad económica se concentra en un puñado de ciudades. Y tras diversos intentos en la era soviética por desarrollar la tierra mediante la planeación centralizada, hay evidencia de que el actual gobierno está haciendo lo contrario.

En el verano, el perejil gigante asume el aspecto de eneldo con esteroides; sus hojas del tamaño de una mesa de centro crean matorrales imposibles de pasar sin un traje contra materiales peligrosos.

En el invierno, se seca para convertirse en un esqueleto café. Afuera de Moscú, el perejil gigante es a menudo el único punto de referencia visible sobre campos blancos. Los funcionarios han empezado a referirse a las áreas cubiertas de esta planta como “contaminadas”.

Los perejiles gigantes crecen naturalmente en las montañas del Cáucaso. Al evolucionar para prosperar en suelos cambiantes, compiten con otra vegetación de gran altitud al producir una cantidad extraordinaria de semillas, hasta 100 mil por planta.

“Nuestras plantas no pueden competir con él”, dijo Dmitry Geltman, director del Instituto Botánico Komarov de la Academia Rusa de Ciencias. “Se apodera de campos abandonados porque le gusta el suelo inestable. Para cualquier especie extraña, es más fácil infiltrarse en una comunidad fluctuante”.

La Rusia rural ha experimentado un incesante éxodo de población desde los años 90. Rusia tiene unos 222 millones de hectáreas de tierra agrícola, de las cuales casi 100 millones están inutilizadas, señala un censo de 2016.

Cuando los humanos se fueron, el perejil gigante avanzó.

Parece que el gobierno no sabe qué hacer con la tierra o con la gente que vive en ella: los rusos rurales son dos veces más pobres y desempleados que los habitantes de las zonas urbanas. Investigaciones ha demostrado que el número de granjas en el país se redujo a la mitad entre 2006 y 2016.

Vasily Melnichenko, un agricultor de los Montes Urales que lidera un movimiento para el desarrollo rural, dice que la política del gobierno del presidente Vladimir Putin hacia la Rusia rural ha sido terrible.

“Ha durado demasiado para ser un error, pero si se hace a propósito, entonces eso significaría que estamos gobernados por enemigos”, dijo Melnichenko.

Otros 20 años de lo mismo, dijo, y todos los residentes que quedan morirán, lo que pondrá fin a la aldea rusa como una forma de vida.

El perejil gigante es lo que sucede cuando una tierra se queda sin custodios. La planta está ampliando su cobertura en un 10 por ciento cada año. Incluso la muy urbanizada región de Moscú tenía casi 700 kilómetros cuadrados contaminados con perejil gigante este verano, reporta el gobierno.

Esta especie contiene una alta concentración de furanocumarinas, sustancias que causan quemaduras severas y ampollas cuando áreas afectadas de la piel se exponen a la luz solar.

Para los años 80, cuando la planta empezó a infiltrarse en los parajes naturales del centro de Rusia, pruebas mostraron que las vacas alimentadas con perejil gigante producían leche con mal sabor.

Si bien algunos gobiernos regionales ahora intentan rociar pesticidas en zonas problemáticas, Moscú no ha prestado atención al problema.

Tataristán, la única región que monitorea su propagación, ha solicitado ayuda federal, diciendo que el área dominada por el perejil gigante se multiplicó por 10 en los últimos ocho años, con miles de víctimas de quemaduras e incluso fatalidades.

Algunos activistas y científicos experimentan con soluciones, que van desde caracoles que comen perejil gigante hasta la producción de alcohol ilegal.

Una noche me uní a una activista, Maria Popova, en una redada de perejil gigante en un campo que es parte del popular Parque Nacional Losiny Ostrov, cerca de Moscú.

Popova empezó a rondar los campos cercanos cuando se topó con la planta en una de sus caminatas. El Parque Nacional, que tiene la tarea de proteger la biodiversidad, ha ignorado el problema, dijo. Ella llamó al perejil gigante “un símbolo de negligencia”.

Es más probable que los activistas urbanos se movilicen en línea, mientras que en las provincias simplemente no hay suficientes personas interesadas, dijo Darya Grebenshchikova, una escritora que vive en la región de Tver.

“He perdido la esperanza de algún tipo de renacimiento rural. El gobierno ha decidido que es muy problemático mantener vivas las zonas rurales, así que las están convirtiendo en un desierto”, se lamentó.

Maria Antonova es una periodista rusa que escribe sobre ciencia y cultura. Envíe sus comentarios a intelligence@nytimes.com.

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