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lunes, junio 21, 2021
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Desesperanza y hartazgo en Italia frente a la nueva ola de infecciones

Lejos quedaron los días en que la población aceptaba la cuarentena y cantaba en sus balcones.

ROMA — Cuando el coronavirus golpeó a Italia por primera vez, abrumando los hospitales del país y provocando el primer confinamiento de Occidente, los italianos inspiraron al mundo con su responsabilidad cívica, quedándose en casa y cantando en sus balcones.

Su recompensa a cambio de los meses en cuarentena fue una curva aplanada, una bocanada de normalidad y la satisfacción de que los aliados señalaran a Italia como modelo.

Ahora, cuando una segunda ola del virus envuelve a Europa y provoca nuevos confinamientos, Italia se ha vuelto emblemática de la desesperación, el agotamiento y el temor que se extiende por todo el continente.

Milán, el motor económico de Italia, es el nuevo centro del contagio. Viaje en el tranvía. Foto: Alessandro Grassani/The New York Times.

Milán, el motor económico de Italia, es el nuevo centro del contagio. Viaje en el tranvía. Foto: Alessandro Grassani/The New York Times.

Gran Bretaña y Francia tienen nuevos confinamientos nacionales e Irlanda ha prohibido las visitas a los hogares de otras personas.

Y en todas partes, si la gente no está enferma del virus, está harta de él. En Italia, el descontento está estallando.

El país que dio al mundo occidental una vista previa del terrible costo humano del COVID —que demostró la necesidad, y el éxito, de una cuarentena nacional— ahora representa algo más oscuro. Italia se ha vuelto un símbolo de las ventajas desperdiciadas de Europa y la impotencia de las medias tintas.

Ya llegamos a nuestro límite”, dijo Emanuele Tudini, propietario de un bar cuya esposa aplaudió a los médicos desde la ventana de su departamento.

Los hospitales italianos, que ofrecieron un terrible atisbo al horror que se avecinaba, se encuentran de nuevo bajo presión.

Milán, el motor económico de Italia, es la nueva capital de su contagio y parece estar al borde de la cuarentena. El sur más pobre y vulnerable está expuesto, y los napolitanos se han amotinado contra los confinamientos tempranos impuestos para evitar una masacre.

Preparándose para un sitio, los romanos oscilan erráticamente entre beber como si se fuera acabar el mundo y refugiarse durante noches inquietantemente silenciosas.

En todo el país, la ansiedad se está transformando en disturbios. Grandes multitudes en Trieste corean que sólo quieren trabajar. Y manifestantes han salido a las calles en casi todas las principales ciudades italianas, desde Palermo y Bolonia hasta Verona.

Los italianos parecen intolerantes a un gobierno que lanza decretos de emergencia efímeros con la facilidad y frecuencia de un croupier de casino.

En octubre, el Primer Ministro Giuseppe Conte, que primero aseguró la llegada de una vacuna para diciembre y ahora promete una Navidad “serena”, dijo: “descarto los confinamientos”.

Cerca del final del mes, declaró que Italia había entrado en algo que él llamó “Escenario 3” e instó a los italianos a seguir las nuevas medidas. El 31 de octubre, el gobierno se preparó para el “Escenario 4”, con cuarentenas en las regiones más infectadas.

También el mes pasado, Conte anunció más paquetes de ayuda con valor de unos 5 mil millones de euros para empresas y prohibió los despidos hasta marzo.

Muchos trabajadores dicen que no han recibido prestaciones por desempleo desde mayo. Muchos creen que un regreso a una cuarentena en todo el país es sólo cuestión de tiempo.

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